miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sorpresa en las alturas


Hice mi entrada triunfal en aquella aldea subida en un "taxi" muy peculiar.

Me llamo Elena Piamonte. Trabajo en el periódico nacional de mayor tirada en estos momentos. Aburrida de realizar críticas literarias, pedí varios meses sin sueldo y me largué a los Picos de Europa a buscar inspiración para escribir mi primera novela, la cual no fluye únicamente pidiéndosela a los dioses.




Enfundada en unos vaqueros rotos, un par de zapatillas nike y una camisa de pana, viajé sola en un autobús durante cinco horas interminables. Llovía mucho. El viejo conductor me advirtió que solo podía llevarme hasta el Paraje del Cabral porque había pasado algo gordo allá arriba en la montaña. La guardia civil no nos dejaría continuar por la carretera comarcal. Le tiré más de la lengua y me contó que habían matado a alguien. ¡Vaya por Dios! Yo, que lo que quería era aislarme del mundo. ¿Por qué le haría caso a Héctor? Ese maldito espíritu aventurero suyo...


Cuando llegamos al Paraje mi confidente, que había prometido buscarme otra alternativa, me dió dos opciones: subir a la aldea andando con todos mis bártulos o subir montada en el carro del joven ayudante del alguacil. Allí enfrente estaba. Si le daba treinta euros me dejaba en la misma puerta de la pensión. Después de haber llegado a ese paraje no me iba a volver, así que apoquiné los treinta euros. Trepé al "taxi" y me acomodé sobre la paja, mirando de reojo al poni flacucho y ojeroso que tiraba del carro.



Tras una hora de rodaje, acompañados únicamente por la lluvia y el viento, el poni hizo su cagada número veinte en la puerta de mi anhelado refugio. El pueblo era un hervidero de gente que parecía haber tomado posesión del lugar. Tenía un terrible dolor de espalda. Bajé como pude del carro, sacudiéndome toda la paja pegada al cuerpo y la multitud de miradas que se posaban descaradas sobre mí. Volé hacia recepción.



No quedaba sitio para dormir.
-¿Cómo que no, señora? -exclamé ante quien parecía ser la dueña de la pensión, recién sacada de una película de Tim Burton-. ¡Tenía reservada una habitación!
- Lo siento mucho, señorita, pero habrá visto usted cómo está todo. He tenido que alojar a un destacamento de policía. Muchos turistas han decidido quedarse. Conocían a la escritora japonesa...
- ¿La persona fallecida era una escritora japonesa?- pregunté, incrédula.
- Sí, esta mañana apareció muerta...cómo se llamaba... Yoko...
- ¡Yoko Yoshimoto! ¡Estaba aquí Yoko Yoshimoto! ¡La ganadora del premio nobel! ¡Han asesinado a Yoko Yoshimoto! ¡Dios mío!-. Me llevé las manos a la cabeza. La famosa novelista japonesa, cuyos libros yo había tenido que leer para hacer la reseña correspondiente.
- Sí, era una dama muy dulce. Tan delgadita que parecía que se la iba a llevar el viento. Siempre con su libreta en una mano y un libro en la otra. No tendría ni cincuenta años, pobrecita -se persignó, tristemente-. Se la han encontrado un par de turistas alemanes en el claustro de la iglesia... Apuñalada brutalmente... Dormía aquí hasta hace un par de semanas, que se mudó a una casita cerca del río.
No me podía creer lo que estaba escuchando. Todo me daba vueltas.
- Señora, estoy hecha polvo... ¿No sabe usted de otro sitio en el que pueda dormir esta noche? He venido para relajarme y escribir algo...
- A ver, la veo muy sofocada... Verá...Mi hijo Toni, el ayudante del alguacil, se va dentro de un rato a dar de comer a las vacas que tenemos en la otra casa. No está muy limpia, pero tiene luz y agua. ¿Qué le parece, eh?

Genial, de nuevo el poni cagón, pensé. Pero aceptaba cualquier cosa a esas alturas.

Reparé entonces en un libro de tapas negras que sobresalía de una estantería.
- ¿Esas son las leyendas de Bécquer? -creí verlo escrito en su lomo-. Parece una edición muy antigua.
- Oh, este es el librito de la señora japonesa –lo acercó-. Me pidió que se lo guardara y lo dejé ahí.
Lo abrí por una página cualquiera. Tenía las hojas amarillentas. Estaba escrito en español con anotaciones en los márgenes ¡en francés!
- ¿Me lo presta unos días?
- Claro, lléveselo.
- Lo metí en mi bolso. Tuve unas ganas tremendas de echarle un vistazo.

Toni reapareció con su compañero de batalla. Recé un padrenuestro y dos avemarías, y me volví a aposentar sobre la paja, convencida de que a pesar de tanto ajetreo aquella situación providencial prometía, y que podía haberme topado también con mi primera novela.






14 comentarios:

  1. Un relato sobre Asturias, y sobre sus montañas de Picos de Europa, me conquista nada más empezar a leerlo. Si además está escrito con soltura, propicia a imaginar, y con una buena dosis de intriga mejor. No sé si habrá continuación, o quedará abierta la historia, sea así o prolongada, he de agradecerte el ratito de buenos recuerdos que este escrito me ha traído. Para que no haya lugar a duda, ME HA ENCANTADO. Un saludo, un abrazo, o un beso, lo que prefieras.

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    1. Los Picos de Europa siempre son bienvenidos! Gracias!

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  2. Elena...quiero seguir sabiendo de Elena Piamonte y su aventura....

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    1. Siiii, todo llegaráaaaaa....Me alegra mucho que te haya gustado!

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  3. Muy buen relato, me encontré con este blog por google + y me encanto... espero seguir leyendo sus relatos.
    Besos desde Argentina :D

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  4. Muchas gracias Roxana! Me alegra mucho que te haya gustado. Tengo muchos más en el cajón! Un saludo.

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  5. Espero que vayas abriendo ese cajón, me ha encantado.
    Felices Fiestas.

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  6. Gracias Juan Carlos! El cajón está abierto, solo hay que sacarlos jijijij....Espero vayas bien! Felices Fiestas!

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  7. Me gusta mucho el final. Un acierto el uso de las fotos, se hace mucho más agradable la lectura y encima si son tan evocadoras.

    Sigue así, nos estás mal acostumbrando actualizando tan pronto.

    Un saludo.

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  8. Sí, lo de las fotos ha sido una buenísima idea!

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  9. Me parecen geniales, como siempre, escrito con soltura y atrapándote desde el principio.

    Seguiré enganchada, un beso

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    1. Gracias! Qué bien tenerte por aquí.. a ver si me entero de quién eres, jejejje.... FELIZ AÑO NUEVOoooo!!!

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  10. Me empezaba a caer bien la tal Elena hasta que en el final hizo algo deshonesto... Jajaja Que buena mano tienes para evocar paisajes y meter dentro al lector con facilidad. Casi se diría que podía oler la lluvia... :)

    Como te dije, empecé por el principio y seguiré hacia arriba. Si es cierto que tienes más en el cajón, más te vale que vayas actualizándolo, como dicen algunos comentarios por aquí, que quiero seguir leyendo. :P

    ¡Un abrazo y felicidades de nuevo!

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    1. Algo deshonesto? Pero si mi Elena es una periodista muy buena jejejeje.... Gracias!

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