sábado, 2 de marzo de 2013

Carnaval veneciano


Abriendo de forma sistemática las cartas que uno de mis compañeros de despacho había colocado encima de mi mesa, me encontré con una muy peculiar. Alguien defendía saber el verdadero origen del famosísimo carnaval de Venecia. Me aconsejaba tenerlo en cuenta para la tesis en la que estaba enfrascada desde hacía ya más de un año. El origen del carnaval de Venecia… tema polémico en el que yo permanecía bloqueada sin atisbos de encontrar ni una mísera luz, a través de la cual poder seguir avanzando en mi estudio.

Estaba perpleja. Esa persona desconocida anexaba a su mensaje el siguiente manuscrito, a la vista bastante estropeado por el inevitable paso del tiempo.






Venecia. Siglo XVII

La primera vez que vi la luz, solo disfrutada por las almas bienaventuradas, fue en la casa de mi señora. Ese día vacié las bacinillas, con tan mala suerte que resbalé y caí. Aquella luz me dejó ir y, desde entonces, como el contenido de aquellos orinales, vagué cual pordiosera por las calles de Venecia.


Me arrastré durante días; estaba sucia, olía mal. Solamente yo lo percibía. Ni las aguas que cubrían la ciudad tenían la capacidad de limpiarme. El suelo empedrado resudaba humedades; el frío no se iba nunca.


Una noche sentí vergüenza y miedo. Las estrellas titilaban sobre el agua de los canales, por los que, horas antes, los más afortunados habían paseado su amor en góndola. El silencio atravesaba los puentes. También en mi lánguido corazón había silencio.


Cerca de la basílica de San Marcos oí risas escapando generosas por las ventanas de un gran palacio. 



Tiritando me acerqué a uno de sus pórticos. Empujada por la curiosidad, entré. Una espaciosa estancia acogió mis despojos. Majestuosas pinturas cubrían sus paredes. Las cortinas caían poderosas sobre el suelo de mármol blanco. Hermosas mujeres, vestidas de seda y oro, bailaban al compás de la música, llevadas de la mano por elegantes caballeros, ataviados con trajes cuyos colores nunca había visto. Todos se prodigaban sonrisas, embriagados por su propio placer. Deseé ser como ellos, no una sombra vaga e imperceptible.



Nadie me vio. Nadie no. Solo él se fijó en mí. ¡No! ¿Por qué se acercaba? Quise cubrir mi cara, taparme, esconder mis suciedades. Con el extremo de una cortina me oculté parcialmente.

—¿Quién eres?— me preguntó, amablemente, sin apartar sus ojos de mí.

No contesté, pues no me acordaba. Era la de las bacinillas, poco más. Hizo ademán de apartar la cortina, pero no le dejé. El joven respetó mi silencio y volvió a su fiesta. No quise apartarme de él y le acompañé muchas noches desde aquella cortina, hasta que una vez se acercó tanto a mí que sentí su aliento en mi mejilla. Vestía un traje blanco impoluto.

—Te he traído un vestido para poder bailar conmigo— me susurró al oído.
—¡No puede ser! ¡Me descubrirán! — gemí, aun anhelando compartir con él aquellos bailes.
—Tengo una idea.

Me mostró un vestido blanco con luz propia, una luz que había olvidado. Me atavié con él y trencé mi pelo. Después, colocó un curioso pero bello objeto sobre mi cara.

—¿Qué es esto?— pregunté, tocándolo con las manos. Salvo los ojos, el resto de mi rostro estaba cubierto por él.

Atónita contemplé cómo él hacía lo mismo; con uno de aquellos artilugios ocultó sus facciones.

—Ven, bailemos. Ahora tú y yo somos iguales. No tengas miedo.



Cogió mi mano, adentrándome en su mundo. Sus rítmicos movimientos eran admirados por todos los presentes. Yo, en éxtasis de pura felicidad, me dejaba llevar; segura de ser la envidia de todas aquellas damas que, extrañadas, observaban tan peculiar atavío.

Las noches no pasaron en balde; poco a poco, todos imitaron nuestro atuendo: caretas y máscaras -así se llamaban- eran de presencia obligada en aquel suntuoso palacio.



Pero mis fuerzas flaquearon; dejé de asistir a esos bailes: la luz había salido a la calle a buscarme. Yo aún no quería ir; mi amor era de edad temprana, así que utilicé la máscara y me escondí. Mi joven enamorado buscó mi amor por los canales, atravesó puentes, revolvió plazas, recorrió calles, hasta que al final me encontró, pues mi disfraz no era desconocido para él. 

Después de bailar durante mucho tiempo ante el mundo y sus hombres, juntos recorrimos aquel tramo imperceptible que nos separaba de la luz.




Esta historia se ha ido difuminando con el tiempo, pero todo comenzó así. Desde entonces, año tras año, el pueblo veneciano conmemora nuestro encuentro, paseando el amor, la esperanza y la belleza por las calles de Venecia con los trajes y las máscaras de antaño.


***

Este manuscrito me impresionó mucho. Nunca había imaginado nada igual. Delante de un café negro y humeante repasé mentalmente todas las preguntas que me había estado haciendo durante su lectura: ¿Quién era esa misteriosa mujer que narraba en primera persona una historia tan extraña como extraordinaria? ¿Cómo había llegado más o menos intacta hasta hoy? ¿Quién era la persona que no dudaba en hacerme partícipe de su tesoro? ¿Sería todo una tomadura de pelo?... Sin embargo, la letra de aquella carta anónima era conocida para mí. No sé dónde ni cuándo, pero la había visto antes... Tendría que investigar. El manuscrito lo merecía.




16 comentarios:

  1. Hola, te he dejado una mención a un premio en mi blog. Espero que te guste.
    Un saludo

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  2. Enhorabuena por el relato, María Elena: me gusta como escribes. Un abrazo. Juan.

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    1. Qué bien que te guste! gracias por leerme!

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  3. Muy buen relato! Me encanta! Casi podría creerme que ese es el verdadero origen del carnaval.

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    1. Qué alegría verte por aquí, Lumy!! Cómo estás? Qué tal tu blog? Yo siempre me he imaginado así el origen de los carnavales, la verdad. No me lo imagino de otra manera jejejeje... Gracias. Un abrazo!

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  4. Por cierto... El relato es exquisito. Me encanta.
    Un fuerte abrazo

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    1. Tony!! Qué guay lo del premio. Es muy interesante. Bonita forma de dar a conocer los blogs que acaban de iniciarse en esto... Gracias de nuevo!

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  5. ¡Hola! Me tomé la libertad de pasarme por aquí gracias a tu invitación en Literautas de leer el texto retocado del taller y madre mía... La historia del carnaval veneciano dentro del relato es una historia que engancha muchísimo y que es hermosa a la par que inaudita. Me gusta el estilo de narración que tienes a la par del pulso con el que vas tejiendo la historia. Lo que me ha dejado un poco con la miel en los labios son las preguntas que se hace la lectora del manuscrito. Por lo tanto, la pregunta es: ¿Se va a quedar así en el aire o vas a extenderte más? Tanto si es una como si es otra, me iré pasando asiduamente para ver que ocurre.

    ¡Muchas felicidades y nos vemos!

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    1. Pedro J, el honor es mío por verte por aquí y que te hayas pasado a leerme. Gracias mil! eres muy gentil. He visto que también tienes un blog y he leído algo... interesantes tus historias... ahí quiero llegar yo. Nos vemos!!

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  6. A Iris y a mí nos gustó mucho. Exquisito y cuidado relato.

    Enhorabuena.

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    1. Querida hermana, querido cuñado, muchas gracias! Ahora a por más!!

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  7. Elena aqui estoy de vuelta. Lo que no te dije con anterioridad es que estaba cotilleando tu blog y decidí concederte un premio. Pasa por mi blog, copia la imagen de mi premio y sigue las reglas. Enhorabuena!
    http://www.lumyquint.com/2013/03/enhorabuena-me-han-otorgado-otro.html?showComment=1362596730305#c789588086692208381

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    1. Gracias Lumy!! Ya he tenido noticias de ese premio y me parece una buenísima idea para darnos a conocer... Pero voy a esperar unos días, a ver si recolecto más blogs, jejejeje... y así puedo nominar a muchos más... Nos leemos! Un abrazo!

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  8. Me ha encantado leer este relato. Es precioso, atractivo, intrigante. Se nota que esta muy bien escrito.
    Enhorabuena por saber dominar las palabras para poder crear estas pequeñas obras de arte.
    Un saludo.

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    1. Gracias super poeta!! Gracias mil por leerme. Encantada de que te gusten mis humildes relatos...

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