miércoles, 27 de mayo de 2015

As time goes by

Sara abrió los ojos. A través de la ventana escuchó el piar de los pájaros. Se incorporó y miró el reloj de pulsera que estaba en la mesita. Eran las siete de la mañana. Había dormido en el sofá después de llorar durante varias horas. Fue a la cocina y conectó la cafetera.

Solo a ella se le ocurriría ver Casablanca –su película favorita– en una noche como aquélla, pero no era por eso por lo que había llorado. O sí. No sabía bien. La noche anterior tuvo una cita con Manuel en el restaurante Oriza (pincha en el enlace). Llevaba mucho tiempo sin verlo. Llorar le había liberado de la angustia que oprimía su corazón desde que entró en el restaurante. Nunca le perdonaría esa encerrona. Cogió un bollo de leche y el café, y volvió al sofá.